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José Luis López Rodríguez

in memoriam

1, 2, 3, 4

Carta a José
25 de octubre de 2008

            Me han pedido que escriba unas palabras en recuerdo a mi José (mi Josiño), pero es tan difícil… y no porque no tenga miles de cosas que decir sino porque nunca se me pasó, ni por lo más remoto de mi imaginación, hablar de él en su ausencia.

            Yo soy una de las afortunadas que le conoció y una de las privilegiadas que puede decir que fui su amiga, de las que le quisieron, de las que fui querida. Hace 9 años ya que durante mi anterior baja maternal (es paradójico que ahora también esté en la misma situación) me escapase para colaborar en uno de los primeros cursos teórico-prácticos en Proteómica que impartíamos en nuestro Servicio, a las órdenes de mi querido jefe Jesús Vázquez. Por entonces apenas reparé en los alumnos porque mi hermana pequeña se encontraba muy enferma en el hospital y mi cabeza andaba en otros Lares… aún así veo a José en clase consultando dudas y haciendo preguntas. Esto fue solo el principio de una fructuosa relación profesional y una maravillosa relación personal.

            Todos sabéis de sus “manos” para confeccionar geles bidimensionales, habilidad que transmitió a sus pupilos y con los que seguimos trabajando. Pero esta era solo una habilidad laboral, sus habilidades y virtudes personales estaban muy por encima de la media. José era una gran persona en el más amplio sentido de la palabra, modesto, educado, respetuoso, detallista, elegante y un largo etc. de calificativos que formaban parte de él de modo innato, natural. Era un “señor”. Era mi amigo, pero no un amigo cualquiera, fue el amigo que estuvo a mi lado, muy, muy cerca, más en mis malos que en mis buenos momentos, apoyándome siempre, alabándome, mimándome, jamás me abandonó un instante en estos 9 años tan especiales. Yo era su amiga la de “zumosol”, así le gustaba llamarme cuando necesitaba de mis consejos proteómicos; le encantaba que le explicara los fundamentos de la ionización por electrospray, con las repulsiones coulómbicas que generan gotas cada vez más pequeñas, o la transferencia de protones de la matriz al péptido en la ionización MALDI. Recuerdo aquel verano en la playa, en Galicia, pinto rojeando folios que guardaba como un tesoro. Con él vi la puesta de sol en Finisterre, conocí Galicia, su preciosa tierra, acompañado por Sara, su perra fiel, adorable, como todo lo que le rodeaba.   

            Han sido tantos buenos momentos, tantos recuerdos, tantas vivencias compartidas…recuerdas Esther?, qué bien lo pasamos en su oposición con aquel miembro del tribunal al que tuvimos que acompañar por todo Santiago a comprar un peluche para su hija!!!
            ¡Qué oposición tan dura le tenía preparada la vida! Esta también la superó con “nota”. Nos dejó a todos perplejos, yo nunca olvidaré la lección de fuerza y valentía, de ilusión con la que se enfrentó a su enfermedad. Se le ha llevado pero estad seguros de que no le venció.

            Bueno, creo que ya no puedo escribir más, esto es demasiado duro para todos los que le queremos, porque él siempre estará en nuestro presente ya que ocupaba demasiado espacio en nuestras vidas como para dejarnos sin más.

Anabel Marina

 

 

Diseñado por:  
Salvador Martínez de Bartolomé Izquierdo (CNB-CSIC)