
¿Podría haber un agente vírico tras cualquier proceso neurodegenerativo?
Parkinson, Alzheimer o Esclerosis múltiple son algunos de los procesos donde el sistema nervioso central va perdiendo funcionalidad conduciendo a diferentes disfunciones cognitivas y/o motoras que, en muchos casos, tiene un desenlace fatal.
A pesar de la amplia distribución de muchas de estas enfermedades entre la sociedad y de los enormes esfuerzos económicos y científicos (términos que suelen ir de la mano...), poco es lo que se sabe, todavía, sobre los factores desencadenantes. No obstante, existen datos científicos a favor de diversos factores genéticos y ambientales implicados en la susceptibilidad y desarrollo de los diferentes procesos neurodegenerativos. Entre los factores ambientales, podríamos situar la infección por determinados agentes patogénicos, víricos o bacterianos.
Lejos queda ya la triste imagen de salas de hospitales repletas de “pulmones de acero” para mantener la vida de aquellas personas con parálisis total debida a la infección por el virus de la poliomielitis. Afortunadamente, la vacuna atenuada desarrollada a mediados de los años 50 y principios de los 60 resultó tremendamente efectiva.
Actualmente, indicios, no exentos de controversia, empiezan a involucrar a determinados virus con la susceptibilidad para desarrollar enfermedades tales como Alzheimer (HSV-1) o Esclerosis múltiple (HHV-6). Otros muchos agentes víricos están emergiendo con capacidad de afectar la delicada estructura que representa el Sistema Nervioso, estructura que nos da la conciencia de lo que somos y que se puede agrupar en nódulos de acción que forman la imagen neuronal del YO denominada Homúnculus.
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